1. Nuevo en la ciudad
Cuando llegué a la ciudad, ésta era un infierno. Se cometían tres asesinatos por día. Ir a la policía no era lo más recomendable, la mitad era corrupta, la otra se hacía la vista gorda.
Un despido en masas no era buena idea. Si la criminalidad estaba alta, ¿Cómo sería con al menos cincuenta mil policías sin empleo?
Me encontraba en un oscuro callejón, fumaba un cigarrillo y miraba mi futuro hogar. Aún esta ciudad no sabía lo que era sangre.
Tenía que alimentarme bien antes de llegar con la persona que me rentaría una habitación, la cual ocuparía mayormente de día. El sol y yo no somos amigos.
Luego de cincuenta años en la tierra he visto pasar todo tipo de maldad, esa era mi maldición, no dejar de verla nunca. Y si mil años en mi vida vampirezca eran suficientes para purgarme vería muchos tipos más, en general, yo era una de las más peligrosas.
Durante mi camino comí algo ligero, solo dos ladrones de auto y un carterista, pero en menos de diez minutos ya había completado el promedio diario, pero aún no caliento.
Cuando llegué al apartamento me abrió la puerta una muchacha, por su aspecto no debía tener más de veinticinco años, pero sus ojeras demostraban que no había dormido bien en mucho tiempo.
Debido a su propia palidez no reparó mucho en la mía. Hicimos las presentaciones de lugar, sin ningún acto notarial de por medio, esa fue una de las razones que me motivaron a alquilar esta habitación.
Me llevó directo al cuarto, para cualquier otra persona le parecería que no tiene mucho espacio para sus cosas, pero yo no requería mucho espacio solo llevo conmigo una mochila. En realidad todo el apartamento era pequeño y estaba ubicado en una de las peores zonas de la ciudad, cualquiera que quisiera rentar aquí es porque tenía un pasado que no quería que nadie supiera.
Al poco rato que Catalina, mi arrendataria, me dejara oí abrirse la puerta principal y me dirigí a la ventana para verla salir, por su escasa ropa supe que ella tampoco es de las que duermen de noche.
Aún estaba ansioso y nunca he sido de los que se quedan en casa si tienen toda la noche disponible.
Me vestí con unos pantalones largos, camisa cuello tortuga y guantes (No llevo conmigo gran cantidad de ropa, pero la que tengo la cambio semanalmente). Luego de vestirme lo único que salía de mi piel era mi rostro, pero aún así quien me hubiera tocado sentiría un inmenso frío. Mi cuerpo era peor que estar al descubierto en una nevada.
En una disco, el aire acondicionado ayudaba a disimularlo un poco, pero no iba a pasar la noche entera en un lugar así, aún tenía algo de hambre, aunque siempre he tratado de no llegar a la gula.
Salí a la calle y a un grupo le pareció bueno querer asaltarme. Eran cinco y dos me apuntaban con una pistola, gran error, pero ese sería el único y último que cometerían, luego de cinco segundos no eran más que estadísticas policiales.
Una vez satisfecho me dirigí al antro, al fin y al cabo yo también gusto de divertirme. En la entrada ví a Catalina, un automóvil se detuvo frente a ella, luego de una pequeña charla se montó en el carro y se perdieron en la oscuridad.
Llegue a eso de las cinco, antes de que hubiera por lo menos un resplandor. Compré el periódico, siempre lo hago para tener algo que leer durante el día.
Ya a las siete de la mañana había leído todo lo que el periódico podría ofrecerme, no encontraba que hacer, me había desecho de los últimos libros que tenía, me los sabía de memoria, así que salí a deambular por el departamento.
En mi recorrido llegué a la cocina, ella estaba ahí sirviéndose un vaso de jugo, traía puesta un camisón negro y transparente, que cualquier hombre, incluyéndome, hubiera encontrado sexy.
- Erick (Nadie me llamaba con tanta familiaridad y menos sin conocerme) disculpa haberte despertado, es que acabo de llegar.
- No hay problema, yo también hace poco que llegué, solo venía por un poco de agua.
En realidad no quería nada, pero fue lo primero que se me ocurrió, ya que no sabía que tanta libertad tenía para moverme y ella no me limitó espacio alguno. Me fui a la habitación dejándola en la oscura cocina, en todo el apartamento no había nada que diera señales de que afuera el sol brillaba con su intensidad habitual.
Me pasé el resto de la mañana y la tarde meditando. En este mundo sin sueño esto era lo más cercano que tenía.
Continuará.....

1 comentarios:
Hola, me gusto el relato, la forma oscura de contar las cosas, espero la segunda parte.
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