jueves, 11 de octubre de 2007

Proyecto sin titular, aún II

2. Durante la cena


Alrededor de las cinco de la tarde oí abrir la puerta, salí a ver, Catalina se dirigía a hacer unas compras y le pedí el periódico vespertino.

Cuando ella regresó me entregó el diario y me senté en el comedor, mientras ella preparaba algo en la cocina, no había división alguna así que cada uno podía ver lo que hacía el otro.

El titular era como me imaginaba o más o menos parecido, “Quince personas mueren en hechos delictivos”, me sonreí por el empleo de la palabra “personas”, la mayoría valía menos que una rata.

De acuerdo a la misma nota, ésta era la cifra más alta en los últimos tres años. Bueno, al menos alguien se beneficiaba de todo esto.

Catalina se acercó con un plato con dos emparedados. “¿Quieres?”

-No gracias, no tengo hambre.
-¿Qué dice la prensa?
-Solo que mataron a otras quince personas.
-Ah, nada nuevo.
-Sé que no hicimos ningún acuerdo, pero como arrendataria ¿no te interesa saber algo más de tu inquilino?
-Mientras menos sepa, mejor. Al menos por ahora.
-Y, ¿No te preocupa tu seguridad?
-Para nada, puedes estar seguro que amanecer otro día no está entre mis oraciones diarias, para eso ni siquiera rezo.

La falta de preocupación por su propia vida no llamaba mi atención para atacarla, por extraño que parezca me había acostumbrado a su presencia.

Durante las dos semanas siguientes todo transcurrió casi igual. Ambos salíamos de noche, ella a trabajar y yo mayormente a alimentarme.

Durante el día descansábamos y en la tarde nos reuníamos en el comedor. Ella en su habitual refrigerio y yo a leer las actividades de la noche anterior, o al menos eso era para mí el periódico.

Podría parecer extraño, pero día a día me parecía que Catalina estaba más pálida y una serie de moratones se le podían ver en algunas partes de los brazos, además cuando llegaba de la calle podía notar que traía una vendita en el brazo y un pequeño olor a sangre me indicaba que tenía una herida.

Una noche, en mi habitual cena, alguien me observaba, era ella. Solo estaba esperando a que gritara para tener una razón para matarla, pero lo único que me dijo fue, “nos vemos en casa”.

Ese “nos vemos en casa” me contrarió más que cualquier grito. Me alimenté poco y llegué temprano a casa, ella se encontraba ahí.

Su mirada hacia mi era la misma que me había ofrecido desde que me conocía. Una parte de mí creyó o quiso creer que ella no había visto nada.

Supongo que mi rostro no ocultaba mi turbación y eso la impulsó a hablar “No te preocupes, era un perro. Me mandó al hospital un par de veces, la última vez fue por una puñalada”

Se levantó la blusa que llevaba y me mostró la cicatriz alargada que tenía en el costado izquierdo.

Me fijé en su rostro tratando de encontrar algún rastro de miedo, su olor no me decía nada. Su mirada era más bien de curiosidad, me motivaba a hablar y lo hice tratando de llevarlo lo más casual posible. “Siempre me aseguro que tenga cola que le pisen”.

Me sonreí y ella, que ahora me miraba fijamente, notó mis colmillos. Su cara dio un cambio rápido, de sorpresa a una extraña mezcla de alegría, o eso me pareció, cuando me dijo “Wao, ustedes formaban parte de mis historias infantiles, pero creí que eran un mito… Un chupasangres”

Rechiné mis dientes, esas palabras siempre me parecieron una falta de respeto y soy de aquellos que les gustan que respeten. Por la expresión de mi cara era fácil notar que me había crispado esa observación.

- Disculpa, es que aún estoy en shock.
-Pues lo sabes disimular bien, para serte honesto en aquel callejón solo esperaba que gritaras para acabar contigo.
- Algo así me pareció notar, pero he visto tantas cosas desagradables que eso no me inmutó.
- Ni siquiera un vampiro bebiendo la sangre de un hombre.
-Como decirte, para vivir el tiempo que he vivido y en la forma que vivo, he visto y hecho ciertas cosas perturbadoras.
- Y, ¿No temes que te ataque?
- Quien quita y me hagas un favor
- Tu vida no puede ser tan mala para querer acabar con ella.
-Ya tengo los días contados desde que me diagnosticaron el virus del Sida. Diario tengo que inyectarme para mantenerlo controlado, pero llegará un momento en que una simple gripe terminará matándome y tu prometes quitarme esos años de incertidumbre en unos cuantos segundos, bienvenido seas.
Continuará...